#BTW17: Angela Merkel, las mil facetas de la mujer más poderosa del mundo

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By Alexander.kurz (Own work) [CC BY-SA 3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons

La chica de "Helmut Kohl", la subestimada, la versátil, la canciller del clima, la esfinge, la canciller de los refugiados, la reina de hielo, la canciller de las crisis, la mujer más poderosa del mundo...la lista de títulos para referirse a Angela Merkel es larga, pero ¿cuál la define mejor?

A lo largo de sus doce años al frente del Gobierno alemán, Merkel ha hecho frente a grandes turbulencias, desde la crisis del euro hasta la de los refugiados y ha mostrado una y otra vez su gran capacidad para adaptarse a los tiempos sin dudar a la hora de adoptar políticas tradicionalmente de otros partidos como el cierre de todas las centrales nucleares, anunciado tras el desastre de Fukushima en 2011.

¿Se trata entonces de una especie de "canciller con todo incluido"? La mandataria lo ve de otro modo. "Los desafíos son siempre diferentes", declaró en el único duelo televisivo con su principal rival en las elecciones, el socialdemócrata Martin Schulz. "Toda persona cambia a lo largo de su vida", señaló.

"Angela Merkel ha convertido la falta de alternativa en su forma de Gobierno y con ello apacigua al partido, a los socios de coalición, la oposición, la prensa y el país", escribió la revista alemana "Der Spiegel" sobre la camaleónica canciller.

Pero, ¿quién es Angela Merkel y cómo se convirtió en la mujer más poderosa del mundo? La historia de uno de los fenómenos políticos más fascinantes del siglo XXI comenzó el 17 de julio de 1954, cuando Angela Dorothea Kasner nació en Hamburgo, en la República Federal Alemana, como hija de un pastor protestante y una maestra de inglés.

Cuando tenía tres años, su familia se trasladó a la República Democrática Alemana (RDA), concretamente a Templin, en la región de Uckermark. En esta pequeña ciudad, ubicada a una hora y media al norte de Berlín, aún reside su madre, Herlind Kasner.

En Templin Merkel creció y vivió hasta que se fue a Leipzig para estudiar Física. Esta decisión la tomó, según explicó ella misma, porque si bien el gobierno comunista de la RDA controlaba casi todo, "no podía inmiscuirse en las leyes de la naturaleza". De un breve matrimonio con el físico Ulrich Merkel le quedó el apellido.

Después de sus estudios entró a trabajar en la Academia de Ciencias de Berlín Este. No fue hasta después de la caída del Muro de Berlín en 1989 cuando decidió incursionar en política. Y entonces llegó el día decisivo de su vida, el día que conoció al mítico canciller Helmut Kohl. Fue el 30 de septiembre de 1990, en Hamburgo, un mes después de haberse hecho miembro de la Unión Cristianodemócrata (CDU) y poco antes de la reunificación de las dos Alemanias.

A partir de ese momento, esta treintañera protestante, inexperta y con un pasado "extranjero" en la RDA aprendió a pasos agigantados la dinámica del poder guiada por su maestro. "Muchos tuvieron que reconocer que no solo los juristas saben pensar en este mundo", recordaría después la propia Merkel.

Pasó de ser ministra de la Mujer y de Juventud y posteriormente secretaria general del partido a ser elegida presidenta de la CDU en abril del 2000, seis meses después de un escándalo de financiación ilegal del partido que defenestró a Kohl.

Como en su época de estudiante, donde una antigua profesora la recuerda como una alumna aplicada "que todo sabía y podía", Merkel estudia en profundidad todos los documentos que caen en sus manos y se prepara a conciencia para sus encuentros con otros mandatarios, algo que la llevó incluso a leerse una entrevista de "Playboy" de 1990 con Donald Trump, el ahora presidente de Estados Unidos.

Guarda siempre la serenidad. "Nunca levanta la voz ni se equivoca de tono. No sé cómo lo hace. Quizá cuente ovejas por la noche", comenta la diputada de la CDU Christina Schwarzer.

La política de 63 años se ha mantenido fiel a sí misma. Ha protegido antiguas cualidades como su disposición a alcanzar acuerdos, sus nervios de acero o su pragmatismo.

"Ante situaciones emocionales reacciona de manera extremadamente racional. Nada teme más esta científica que situaciones que no haya podido estudiar hasta el final. Planea todo", analizó "Der Spiegel".

"Las personas valoran su modo nada pretencioso, tranquilo y de confianza", indica Jens Spahn, de la CDU.

"Ustedes me conocen", dijo Merkel hace cuatro años, algo que repitió en el reciente debate con Schulz. Pero, ¿es así? Quizá en el plano político. Del personal apenas se conocen un par de retazos como que vive en un apartamento en el centro de Berlín junto con su marido, Joachim Sauer, que le gustan la cocina, la jardinería, la música clásica, el fútbol, pasear en la montaña y relajarse, cuando tiene ocasión, en su casa en Uckermark.

Schulz la acusó recientemente de ser arrogante y de estar alejada de la realidad, algo que rebatió de plano incluso Gregor Gysi, icono del partido poscomunista La Izquierda y, como Merkel, procedente de la extinta RDA. "Si una cosa no es, es arrogante o alejada de la realidad. Para ser canciller es, sorprendentemente, nada vanidosa. No le interesa nada lo material".

En círculos pequeños Merkel se muestra relajada y divertida. Intenta llevar una vida normal dentro de lo posible. Le gusta mandar sms, pero no tiene cuenta en Twitter. En su entorno valora, sobre todo, la armonía.

Ahora, la mandataria está dispuesta a igualar el récord establecido por Kohl, quien fue canciller durante 16 años. Si Merkel gana el 24 de septiembre, algo que dan por sentado todas las encuestas, encadenará su cuarta legislatura consecutiva. Y tendría que posponer otros cuatro años su deseo de retirarse en su casita de Uckermark.

Ver también:

Por qué Merkel volverá a ser canciller - y qué impacto tendrá en la UE. (El País, 17.09.2017)

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