Falleció Heinz Schenk: el tio “Äbbelwoi” de la nación

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Gracias que no buscan dar donde duele – y tremendamente agudas: Heinz Schenk era un animador purasangre, típico de la antigua República Federal. Se hizo famoso gracias a la serie “Zum Blauen Bock”. Falleció a los 89 años de edad.

Heinz Wäscher, alias de Schenk en “Kein Pardon” (Sin perdón) de Hape Kerkeling de 1992, en el papel de un presentador en un ensayo: Schenk tenía que cantar "Witzigkeit kennt keine Grenzen" (El humor no tiene límites) mientras bajaba las escaleras del show con un par de bailarinas de revista y una liebre de peluche de tamaño humano (Kerkeling). Pero la colérica estrella confunde todo el rato la letra, culpa furioso a todos los demás y grita a la liebre: “¡eh, que no me mires asín! Eh, si la liebre me mira asín ejque no puedo trabajá!” Después intenta echar mano a una de las chicas y ofende así a dos reporteros del periódico escolar.

Hasta ese momento no se le había creído capaz de una exposición tal de autoparodia, ni si quiera en sus papeles en el cine. Heinz Schenk, que falleció la noche del 1 de mayo en su casa de Wiesbaden, a los 89 años de edad, había representado siempre lo convencional, lo apto para familias, la televisión inofensiva: el purasangre de Maguncia venía de un tiempo en el que aún todos los animadores televisivos cantaban, eran campechanos y cuyas estudiadas gracias daban sólo muy superficialmente donde dolía – no debían herir a nadie.

El embajador de la República

El presentador, actor, redactor de textos y escritor Schenk, ha recorrido toda la escuela de entretenimiento: hijo de una bailarina y un droguero, comenzó en la posguerra como imitador de otros cómicos en un cabaret. Con 26 años fue a la radio de Hesse, en la cual su dialecto inconfundible se convirtió en una ventaja. Siguió parloteando hasta llegar a la televisión, haciéndose cargo en 1966 del Show de la radio de Hesse “Zum Blauen Bock” ( El macho cabrío ciego), cuyo mismo nombre resume el nivel y el estado de embriaguez del espectador y compañero de armas.

Lo que con el tiempo convirtió a  “Wetten, das...?” (¿Apostamos que...?) en un emblema, fue la idea de que el programa se llevara a cabo en pabellones de deporte de grandes y pequeñas ciudades, de manera que Heinz Schenk iba de hecho a la casa de los espectadores, con jarras para tomar el vino de manzana (Bembel) - en las cuales, por cierto, nunca había vino de manzana, sino zumo. Las canciones y los sketches llevados a cabo con maestría por las estrellas invitadas por Schenk, convencían a toda la familia, que se reunían el fin de semana frente a la caja tonta, con los efectos consiguientes en las cuotas - de manera similar a la que lo hacían las familias alemanas en los años 60 y 70.

Balbucear y reír

En el "Blauen Bock", Schenk envolvía su robusta estatura en disfraces y uniformes. Su  rostro con facilidad para la amargura, en estado de tranquilidad, así como su manera sobria de hablar, provocaban per se la risa: en lugar de los poderosos héroes de las mujeres, se presentaba un zalamero mediocre, pero agudo tío-del-vino de la nación, con el cual los espectadores podían identificarse.

La última emisión del programa de entretenimiento de Hesse, en el año 1987, fue visto por 15,9 millones de espectadores. Después, Schenk volvió a los escenarios, trabajó en un par de piezas en el Volkstheater de Fráncfort y fue el avaro Harpagon de la obra “El avaro”. En 1990 se le entregó el premio Bambi de honor a toda su carrera; evidentemente, recibió también la medalla de Hermann-Löns por su especial compromiso con la música nacional. Disfrutó su retiro con su mujer Gerti, con la que estaba casado desde 1951 y que falleció el pasado diciembre y, como es natural, con los hobbies ejemplares de los 60: jardinería, el juego de cartas Skat y la fotografía.

En la letra de la “Fracklied” (canción del frac), musicado por Franz Grothe, como casi todos sus temas - por ejemplo el Hit "Es ist alles nur geliehen" (Todo es prestado) -canta sobre el frac que “Herr Müller” encarga para la boda con la “maestra costurera Schmitz” pero que llega a las manos de un “Ministro” y acaba utilizado por el campesino “Schmidt” para adornar al espantapájaros. Una pequeñez contra los fanfarrones, moraleja que no puede faltar en un hombre de buen corazón como Schenk, viene en la última estrofa: “Hoy todavía en corceles orgullosos/ hoy todavía un gran animal/ mañana ya totalmente gastado/ pasado de moda para el gusto /marginado y tirado / exactamente igual que nuestro frac”.
No es ningún descubrimiento nuevo, pero el pueblo asiente con gusto.

Traducción: PA/lhn

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